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viernes, 29 de mayo de 2015

FE Y RELACIONES LABORALES


Fe y relaciones laborales


Antes de adentrarme en el tema, quiero recordar que los dos problemas fundamentales del mundo del trabajo son: el riesgo de rebajar la dignidad de la persona, valorándola únicamente por su capacidad de producción, y el conflicto o enfrentamiento entre quienes poseen los medios de producción o capital y quienes aportan la fuerza del trabajo u obreros.
Dicho esto, hay que reconocer que el trabajo es una actividad humana imprescindible, tanto para el equilibrio psíquico de cada persona como para la supervivencia física de la humanidad. El trabajo no es sólo un medio de producir, sino también una forma de recrear el mundo. De ahí que no deba ser una forma insolidaria de enriquecerse, sino que debe estar orientado al bien común y a cumplir una función social.
Insistamos en que el trabajo está íntimamente relacionado con el desarrollo y maduración de las personas. Todo hombre, al desarrollar un trabajo digno, está ejerciendo un derecho y cumpliendo un deber. Son las dos caras de una misma moneda. Es tan necesaria para el hombre la realización de un trabajo digno, que, en la legislación internacional y en la legislación interna de la mayoría de los países, se recoge esta necesidad como un derecho básico de la ciudadanía.
Existen dos formas básicas de desempeñar el trabajo: de forma autónoma o mediante un contrato laboral entre el empresario y el trabajador. A partir de la industrialización, la mayoría de los trabajadores son asalariados. Para defenderse de los abusos posibles de la patronal, los obreros tienen tres medios de legítima protección: los sindicatos, los convenios colectivos y la huelga.
Desde la encíclica "Rerum novarum" de León XIII (1891), la Iglesia se ha ocupado, en sucesivos documentos y mensajes, de la llamada "cuestión social". Todos ellos resaltan la valoración cristiana del trabajo humano y la justicia en las relaciones entre empresarios y trabajadores. Estos podrían ser algunos ejes en torno a los cuales giran las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia:
* Se reconoce el derecho a toda persona a poseer bienes privados, incluidos los medios de producción, si bien no es un derecho absoluto.
* Los empresarios deben pagar a sus obreros un salario que les permita un sustento digno para ellos y para sus familias.
* Los obreros deben desempeñar su tarea con responsabilidad y sin inhibirse de los trabajos que se han comprometido a realizar.
* El trabajo debe realizarse en condiciones que resulten humanamente dignas. Estas condiciones abarcan el ámbito de las relaciones humanas y el ámbito físico de higiene, salubridad y descanso.
* Los obreros tienen derecho a asociarse para defender sus derechos de forma colectiva y solidaria, evitando la violencia.
* Los obreros tienen derecho a participar en la gestión y los beneficios de la empresa. Los empresarios, por tanto, tienen la obligación de hacer que los beneficios reviertan en los trabajadores y en la sociedad.

Alfonso Gil González

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