Desde mi celda doméstica
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miércoles, 27 de mayo de 2015

SONETOS PARA LA IMITACIÓN DE CRISTO (Libro Segundo)


Libro Segundo



12 sonetos 12 
sobre
Consejos
para
la
Vida Interior





Vivir en mí




¡Qué diera, mi Jesús, por escucharte 
que tu Reino de Paz está en mi alma! 
¡Qué diera por el gozo de esa calma 
que se tiene tan sólo con nombrarte!

No tengo más vivir que anhelarte, 
que es un no vivir, vivir en nada, 
si no fijas en mí esa morada 
hasta ir a morir de tanto amarte.

No tengo ya lugar ni patria alguna, 
ni gusto en lo exterior definitivo, 
ni saber que por Ti no haya dejado.

¿Todo me da igual? No, si la fortuna 
que me tiene deshecho, semivivo, 
es, por fin, la de haberte yo anhelado.






Diálogo amoroso




-No importe si por ti o contra ti 
mantienen los del mundo sus favores, 
pues, si vuelves a ellos tus loores, 
caminando seguirás lejos de Mí.

Medita cuántos dones Yo te di, 
que son fruto de todos mis amores; 
no temas de los hombres los dolores 
ni te inquiete lo que digan por ahí.

-Sé, Señor, que proteges y consuelas 
humilde corazón que en Ti confía, 
su triste condición así librando.

No corres hacia él, sino que vuelas, 
si el hijo de tu Amor se te extravía, 
pero vuelve hacia Ti, perdón clamando.






Ser bueno




Primero tú en la paz, después los otros. 
La cara favorable de las cosas 
la cubre la pasión, pasión que osas 
sea tu justo juez, reos nosotros.

Sé contigo celoso lo primero, 
disculpa a los demás sinceramente, 
las ideas innobles de tu mente 
no debes presentar al Juez postrero.

Es fácil bueno ser con los que amamos, 
difícil convivir con los extraños, 
insufrible con seres pendencieros.

Mas tú, si quieres ser de los primeros, 
cuida el uso que haces de los años 
que contigo los otros nos pasamos.






Las alas del alma




Lo puro y lo sencillo son las alas 
del hombre que a los cielos se levanta. 
Virtudes que a los malos les espanta, 
de divina mansión abre las salas.

Que no cabe en la tierra dicha tanta 
cual tiene un corazón inmaculado, 
y nada por los hombres tan loado 
como el bello sentir del alma santa.

Es ella la animada y animosa, 
que dice a la conciencia mancillada 
do se halla la perla más hermosa.

Ella es la que anima a la medrosa, 
en medio de las pruebas tan cansada, 
el duro caminar ande gustosa.






Ciencia divina




Debido a la ceguera de tus ojos, 
cuya luz apagó tu negligencia, 
acusas a los otros con frecuencia, 
contra ti avivando sus enojos.

Si cuidas de tu yo y sus despojos, 
sin juzgar de los otros la conciencia, 
de Cristo aprenderás divina ciencia 
de tras Él caminar por los abrojos.

Las luces con que Dios nos ilumina 
dadas son para sólo en Él fijarse, 
que es en Él do tan sólo está la mina.

Si en todo lo demás osan posarse, 
en todo lo que al hombre contamina, 
irá fuera de Dios a extraviarse.






Perfecta alegría




La gloria y alegría verdaderas 
son frutos del amor, de amor divino, 
no lo son de la juerga ni del vino, 
ni engañoso producto de quimeras.

Nacieron de Jesús, con Él vinieron 
a llenar este mundo de esperanza; 
los que en Él afianzaron su confianza 
a la vida de Dios ya renacieron.

Por eso, de los hombres olvidados, 
despreciando la pompa de esta tierra, 
de la propia conciencia son llevados.

Que el gozo verdadero allí se encierra, 
donde hay corazones amarrados 
a la Cruz, que al infierno así lo cierra.






Amor verdadero




Dichoso si el amor de Dios abrazas 
sobre todo otro amor falaz y breve, 
y sólo de ese amor el néctar bebe 
el sediento volcán en que te abrasas.

Mira bien la medida con que tasas 
lo que das y te dan, haber y debe, 
verás que cuanto pesas es muy leve 
si el fiel de tu medir con Él lo trazas.

No fíes ni te apoyes en la caña 
del vivir que se mece con el viento, 
ni en otros esperar feliz ganancia.

Olvida los caprichos de la infancia, 
el inútil decirte “yo lo siento”, 
y hazte del Amor sola compaña.






Amistad de Jesús




Toda cruz se nos hace placentera, 
si Jesús en el alma está presente; 
que si de ella el Señor se torna ausente, 
¿quién habrá que a llevarla se atreviera?

Es Él en realidad quien nos la lleva, 
quien con dulces palabras invitando, 
a todos de sus dones nos va dando, 
del último nacido hasta Eva.

Dejándole a Jesús que sea dueño 
de todo cuanto somos y tenemos, 
no tendremos jamás mejor empeño.

Pues sea su amistad en que ponemos 
todo gusto, placer y todo sueño, 
que sólo de su amor vivir debemos.






Soñar despierto




A veces, el Señor, con el consuelo 
al pobre corazón le da reposo, 
y tórnase a soñarse bondadoso, 
pensando que de nada tiene velo.

Mas, luego, al despertar y ver el suelo, 
que ya no se le hace delicioso, 
invoca con clamor al Poderoso:
 “¡Arrebátame presto hasta tu cielo!”

Y así camina el hombre, en un duelo, 
deseando volar, por más hermoso, 
y sólo lo consigue en el anhelo.

Que no hay mejor correr, ni más gracioso, 
que en Dios abandonar todo desvelo: 
ahí está el vivir del religioso.






Única grandeza




El único deleite verdadero: 
la gracia de Jesús santificante; 
el beso de la cruz glorificante;
el último, si quieres ser primero:

de todos los asientos, el postrero; 
en vez de halagos, la humillante 
manera de no ser la voz cantante, 
y siempre estar clavado en el madero.

No puedes sostenerte sin la base 
en que toda grandeza se sustenta: 
de ir por este mundo en humildades.

Reparte a los demás felicidades, 
la gente junto a ti viva contenta, 
y del Cielo hallarás válido pase.






Seguir a Jesús




Glorioso caminar y placentero 
el de ir consolados por la vida, 
haciendo de Jesús nuestra comida, 
mientras vamos con El por el sendero.

Mas falso caminar y embustero 
el de ir tras Jesús sin fe sentida, 
por pura conveniencia de partida, 
poniendo en los consuelos todo esmero.

Que seguir a Jesús es ir muriendo 
a todo lo demás, sin otra mira 
que llegar de Jesús a enamorarse.

Otro modo de fe yo no lo entiendo. 
Si al ritmo de su amor el alma gira, 
gozará con su Dios crucificarse.






A la Cruz




¡Bendita cruz por Cristo consagrada, 
compañera del alma inseparable! 
¡Dichosa la que hace tan loable 
la vida de quien sufre enamorada!

¡Graciosa cruz, de pocos deseada, 
y de tantos objeto abominable; 
de los santos, apoyo confortable; 
de los otros, ventura desgraciada!

¡Cruz-balanza que pesa en la brazada 
lo previsto de Dios en la memoria: 
aquello cuanto hizo de la nada!

¡Cruz-vigía del mundo y de la historia, 
camino que conduce a la morada 
radiante de Jesús y su victoria! 




Alfonso Gil González
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