Desde mi celda doméstica
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miércoles, 8 de julio de 2015

FLORECILLAS ALFONSINAS (Capítulo Trigesimoquinto)



Capítulo XXXV


Caldeiro total

En julio de 1988, llamaba la directora del ELFO, Francisca Trujillo, para comunicarme que no se había puesto de acuerdo en que, después de dos años de dar allí clases, pasara a formar parte de la cooperativa –claro que tampoco me convenía económicamente-. Tendría que estar, al menos, un año, según los estatutos de la misma, sin poder dar clases, para, luego, volver al mismo. Esto me supuso un serio quebranto, pues tendría que volver a buscar clases u otro trabajo. Lo que hice inmediatamente, poniéndome al habla, nuevamente, con Caldeiro y con la Delegación de Enseñanza de la diócesis madrileña. Devolví los libros que tenía del Elfo. Al habla con mis amigos Recio, Mora y Chaparro, éstos me prometen ayuda, así como el padre Goñi y el padre Urbano. Éste es, ahora, el director del “Caldeiro”, el colegio de nuestros hijos durante tantos años.
Pepe Mora, que había participado en unas reuniones políticas en Galapagar, habla con el padre Alfonso sobre un proyecto familiar común que, más tarde, cuajaría con el nombre de “Paz y Comunidad”. Ha llegado a ser algo así como esa idea que él tenía de confederar comunidades cristianas familiares. Mora dejó para fondo de ese proyecto las primeras diez mil pesetas, y yo escribí: “Señor, ¿hemos dado ya con la clave?”. Días después partíamos hacia Cehegín para las vacaciones veraniegas: los amigos, los paseos, la piscina municipal, el arroz con conejo, la Eucaristía familiar, canciones con guitarra, conversaciones multitemáticas, deberes escolares, el calor, el molino de la huerta… Y la visita, en la aldea del Escobar, a una joven enferma. Hubo procesión de la Virgen de las Nieves, y la llevaron a casa de esta joven.
De vuelta a Madrid, me encontré con que había recibido carta del obispo anglicano Arturo, remitida desde Canterbury.
En septiembre, quiere el “San Pío X” que participe y colabore en el cursillo que se va a dar a los profesores de religión. Efectivamente, será con Eduardo Malvido y el Hermano Diumenge, de La Salle, con quienes prepare ese cursillo. Curiosamente, el 23, vuelve a llamar el vicario episcopal interesándose, en nombre del cardenal Suquía, por la situación económica del padre Alfonso. Al día siguiente, acompañado de Alfonso Borrego, viajaré en el Talgo hasta Antequera. Nos esperaban Mora y Chaparro. Quedé admirado   de esta ciudad donde tendría una reunión con los curas casados de Andalucía. De esa reunión, en Octubre, informé al equipo del Moceop y al equipo oriental. Igualmente, en octubre, inicio con el párroco Trueba unos encuentros semanales para señoras.
Con motivo de Todos los Santos, participé en la comida organizada por un grupo de la Parroquia en el Hotel Centro-Norte. Se intentó crear esa costumbre, coincidiendo con el 1 de noviembre, pero apenas pudo mantenerse algún año más. Ese mes recibí  ayuda económica de Sean Walsh, de Jesús Morea y, lógicamente, de mis clases en Caldeiro. También, llevé la Comunión a una enferma de la parroquia, y me acerco a la Clínica “Puerta de Hierro” para dar sangre a un enfermo grave.
Diciembre se inicia con el primer Consejo Escolar en Caldeiro, en el que, además, represento a  padres de alumnos. Al menos durante cuatros años, participo  en esos consejos escolares. El año 1988 se cerró con la Eucaristía celebrada                      en Cehegín. En el “diario” doy    gracias a Dios por un año en el que tantas ilusiones había puesto.

Mi primer libro

1989 lo empezamos en Cehegín. Como siempre, pediré al Señor que “sea su Voluntad quien nos ilumine y conduzca en su transcurso”.  El primer acto del año fue acudir a la Parroquia de San Antonio, a participar en una Oración por la Paz.
Ya en Madrid, el padre Alfonso llamó a un sacerdote casado, en Jaén, que se encontraba marginado por sus compañeros célibes, al tiempo que José Centeno, de Valladolid, le envió un dinero recaudado entre los compañeros en el presbiterio casado. Fue un detallazo de solidaridad. El 23, hace constar en su “diario” que fallece el famosísimo pintor español, Salvador Dalí. Al día siguiente,     empieza a dar clases de latín a una señora de la Parroquia, que tenía que presentarse a oposiciones de biblioteconomía. Y, ese mismo día, en una reunión de profesores en el MARÍA HITA, su director les comunicó que iban a cerrar el Centro para el próximo curso. Ya puede imaginarse el lector la nueva preocupación laboral del padre Alfonso. Pero, el 28, asistirá a una reunión del “San Pío X”, donde le encargaron la autoría del libro de religión para el 2º de BUP en la Editorial Bruño. Eso supondrá una nada despreciable ayuda económica. Y, es más, Guillermo Lanceros, de Cantabria, le dará veinte mil pesetas.



A nivel nacional, el mes de enero acabaría con el accidente mortal, esquiando, del infante Don Alfonso de Borbón, que fuera yerno del general Franco.
En febrero,  me entretuve en dejar por escrito el menú para la comida y para la cena, según me sugería mi mujer. Un mes, en cambio, casi sin cuarto de baño, porque se cambió completamente la distribución interior y se alicató hasta el techo, quedando completamente nuevo. Con todos los gastos corrió mi suegra Flora.
Me reuní en Caldeiro para preparar el centenario de los Terciarios Capuchinos, fundados por el obispo Luis Amigó. Bajo, luego, a Murcia, para comunicar a mis hermanos que la madre sería operada de cataratas en Madrid. Y es que no se atrevían a hacerlo en la capital panocha, porque mi madre  Maravillas tenía ya ochenta años, y el electrocardiograma no estaba lo suficientemente claro para el anestesista. De modo que su hijo Alfonso buscó la forma de que pudiera ser intervenida con anestesia local.
En marzo, con motivo de mi 22 aniversario de presbítero, adquiero “El libro de Dios”, y presido la Eucaristía en Moratalaz con los compañeros del Moceop. Con motivo del centenario de los Terciarios Capuchinos, Radio Nacional transmite la Misa desde la iglesia del “Caldeiro”, y leo y canto. Y, el 20, acompañado de mis hijos, marcho a Cehegín para la Semana Santa. De vuelta, traeríamos a mi madre para ser intervenida de cataratas.



El 1 de abril se celebraban los 50 años del final de la Guerra Civil Española. Rezaba en ni diario: “Señor, que nos conduzcamos por caminos de paz”. 
Participo, invitado por el obispo Arturo Sánchez, en las Jornadas-Retiro de la IERE (Iglesia Española Reformada Episcopal), organizadas para obispos y presbíteros anglicanos, en la residencia que unas monjitas tienen en calle Arturo Soria 228. Fue una deferencia que tuvieron para conmigo.
Concluido el estudio que hice sobre el Evangelio de San Mateo, inicio el del Evangelio de San Marcos. Y así iría haciendo con el de San Lucas.
Mayo se inicia con la visita del párroco Trueba que, después de varios años, estuvo en casa regulando en el televisor el nuevo Canal correspondiente a Tele Madrid, cuya programación se inició este 2 de mayo del 89, inaugurándose con una Corrida de Toros y con la emisión de la película “Ben Hur”.
Participo, el 20, en la excursión organizada por el “San Pío X” a Ávila y Aravaca. En Ávila visitamos el monasterio de Santo Tomás; en Aravaca, vimos la película “El señor de la Salle”.
El mes acabaría con la multa que me pusieron por mal aparcamiento, cuando llevaba a mi madre a que la viera la Dra. Pardo, que era quien la había operado de cataratas. Tuve que pagar, para recoger el coche que se había llevado la grúa municipal, cinco mil ochocientas pesetas.
En junio, asisto a la Primera Misa del Jorge Castillejo Llusiá, participando por la noche, como delegado del consejo parroquial, en la cena homenaje al nuevo sacerdote, que tuvo lugar en la Ostrería de la calle López de Hoyos 93. El 11, mientras mi familia participa en la   excursión parroquial, me quedo con mi madre  en casa, celebro la Eucaristía y recibo a mis hermanos pequeños, que trajeron de Cehegín albaricoques, patatas, tomates y lentejas, y pan hecho por Consuelo, la hermana del   chache Franco. El 23, participo en la concelebración eucarística de mis compañeros en la Parroquia de Moratalaz.
El mes terminaba pasando al paro y preparando el cursillo que daría en Santiago de Compostela.

Para alabanza de Cristo. Amén.

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