Desde mi celda doméstica
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miércoles, 12 de agosto de 2015

LÁMINA Y MENSAJE (97)



Jesús llamando a Mateo


El evangelio narra la llamada de Mateo, recaudador de impuestos para el Imperio Romano. Era, pues, un publicano de los más aborrecidos del pueblo judío. Haceos a la idea. 
Pero Jesús lo llamó, y Mateo dejó la oficina aduanera, con sus beneficios personales, y siguió a Jesús. Y no sólo eso: le dio un banquete, invitando a todos sus colegas, para comunicarles que, a partir de ya, su riqueza estaba depositada en el “carpintero de Nazaret”.
Mateo, apóstol y evangelista, nos ha dejado en herencia las “palabras de Jesús”. Intentó convencer al resto de Israel de que su Maestro era el Mesías esperado, del que se hablaba ya en la “ley y en los profetas”.
De modo que no fue un seguimiento simplemente, sino que estudió y se esforzó para que los demás comprendiesen que no había venido Jesús a suprimir o anular nada de lo bueno hasta entonces creído, sino a darle su sentido y plenitud.
Yo diría que Mateo es un modelo catequético.

Alfonso Gil González
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