Desde mi celda doméstica
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viernes, 23 de octubre de 2015

FLORECILLAS ALFONSINAS (Capítulo Nonagesimotercero)

Capítulo XCIII


Frases del alma

Muchas de las acciones, según los meses del año, son, de algún modo, repetitivas; incluso las de cada semana. Por ello no las menciono. Voy haciendo hincapié en lo diverso, en lo que pueda enriquecer. Este es el caso de lo que deja escrito, lapidariamente, en el mes de diciembre de 2006. Por ejemplo, día 5: No hay nada que esté más cerca ni más lejos de ti que tú mismo. Día 6: Nada, fuera de Dios, podemos amar con todo el corazón y con toda el alma y con todas nuestras fuerzas. Día 7: Hay sueños que son más reales que algunas vigilias. 
Este 7, vinieron las Clarisas de Hellín; concretamente, sor Clara, sor Paqui y sor Guadalupe. Papá las llevó a Canaraflor, donde adquirieron flores para adorno de su iglesia-capilla recién estrenada. Comieron con nosotros en casa. Habían traído una gran cesta de Navidad. Y nos enteramos de que había varias enfermas de consideración en el monasterio.
Dice mi padre que el día 8, radiante, al final se nubló, porque el ser humano, de por sí, nada puede hacer positiva o provechosamente, y anota en su agenda: Mientras el Ego tome las riendas de nuestra vida, no es posible resucitar. Y, para consuelo suyo, escribe dos días después: Somos lo que deseamos, no lo que conseguimos. Un compañero de mi hermano había fallecido de infarto, con 24 años, en la Universidad.
El 12 escribe esta sentencia: Generamos cielo o infierno por donde quiera que vamos. El 13, asiste en la Casa de la Cultura a la presentación de un DVD sobre el origen e historia de Cehegín, que consideró muy interesante. Y deja escrito: Como la Tierra alrededor del Sol, el Universo entero alrededor de Dios. Y. al día siguiente, escribe: Por muchas luces que encendamos, estos días, sin Cristo el mundo está en la más lóbrega oscuridad.
El 18 por la noche tuve un sueño, y vi a mi abuela Maravillas que me decía le dijera a mi padre, su hijo Alfonso, que no se olvidaba de él. Siempre consideré este sueño como un misterio. Papá, el 20, tras escuchar unas palabras inesperadas, apuntó en su agenda: Palabras sin amor, armas de muerte. Y añade el 21: Amar en silencio es más verdad que decir TE AMO. 
Volvían, el 22, las Clarisas de Hellín. Esta vez, para comprar aceite en la almazara de Juan Maravillas, lugar éste donde algunos fines de semana mi padre dirigía la oración del grupo de los sábados. Al día siguiente, iría, con mi madre, a la boda de un sobrino nieto, que se casó en la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación de La Raya, y al banquete ofrecido en el restaurante Extremeño de Sangonera la Seca. Poco tiempo duraría ese matrimonio. Como escribiría mi padre, el día de Navidad: Cada hombre es un misterio insondable. Añadiendo el 26: ¡Qué engaño! Nos pensamos libres por dar vueltas alrededor de nuestra propia cárcel.
En este tiempo, vio dos películas sorprendentes: Un hombre para la Eternidad, que ya se sabía de memoria, desde sus tiempos en Almería, allá por 1968, y El gran Silencio, film recientísimo sobre la vida de los Cartujos. Impresionante.
Al irse el año viejo, escribe en su diario: Gracias, Señor, por este año que ha terminado. Una vez más, sé que me equivoqué, pero Tú puedes enderezar todo lo torcido.



Glosando glosas

Mi padre Alfonso solía escribir su diario en “agendas” comerciales que le regalaban. Algunas de ellas, como es el caso de la de este año 2007, tenían a pie de página unas frases tomadas de pensadores, escritores, científicos, etc… que papá completaba con alguna reflexión añadida. El Nuevo Año, no obstante, lo inicia así: Lo primero, Señor, darte gracias por el nuevo año. Haz que desee lo que quieres de mí, y haz que pueda hacer lo que deseas. En esa primera página hay una frase de Aristóteles: “Más se estima lo que con más trabajo se gana”. A lo que añade papá: Con razón estiman algunos tan poco la gracia de Dios!
Su amigo Juanjo Gómez le invitaba, el 2 de enero, a dar una charla a los ancianos de su Departamento. Pues bien, a partir de ese día, semanalmente, y durante muchos años, mi padre iría a hablar con ellos. Era una tarea muy gratificante para ellos y para él, y algunos amigos y amigas le ayudaban enviándole por Internet material visual para que se los proyectara y comentara. Lo que los ancianos aquellos agradecían enormemente. En la página correspondiente de su diario, estaba esta frase de John Ray: “El precio más alto que puede pagarse por cualquier cosa es pedirla por favor”. Pero Alfonso añadiría: No, el precio más alto es pagarla con la vida.
A la frase de Emile Augier, “Admirar las obras de los otros es, sin duda, mucho más fácil y más cómodo que trabajar”, mi padre subrayaba: ¡Jamás he visto a un vago que admire la labor de quien trabaja! Y, a esta otra de Francis Bacon, “el requisito del éxito es la prontitud en las decisiones”, mi padre añadiría: y la constancia en la labor emprendida. A la frase napoleónica de que “con constancia y tenacidad se obtiene lo que se desea”, él añade: Pero, a veces, lo que se obtiene no es lo que se deseaba, sino lo que nos convenía. Y no duda en contradecir a Charles Baudelaire en su frase de que “el mejor remedio contra todos los males es el trabajo”. Mi padre Alfonso dice: No es cierto. Es el amor, es decir, Dios. Y acaba escribiendo, el 7 de enero: Nada que tenga precio vale la pena.
Algo sucedió, al día siguiente, en el ensayo con la cuerda de Bajos, en la Casa de la Música, para tener que escribir en su diario: Señor, no es posible que sucedan cosas así, como la de esta noche. Ubinam gentium sumus? –citando a Cicerón-. Y apostilla más abajo: Quien no sabe leer una mirada, de poco le vale leerse una biblioteca. Y cuando de Julio Camba lee que “toda civilización no es más que una lucha desesperada por no tener que trabajar”, él le añade: Y por recuperar el Paraíso perdido. 
El 10, ve la película de Dreyer, La pasión de Juana de Arco. Muy interesante. Ese día lee la frase de Cesare Cantú “El pan más sabroso y las comodidades más gratas son las que se ganan con el propio sudor”. Y el padre Alfonso suscribe: Pero nada más provechoso que el Pan bajado del Cielo las delicias de éste en el alma. Sale, una vez más, su vena mística. Como cuando escribe, al día siguiente: Es más importante ser sabio que héroe, a no ser cuando ambas cosas se juntan en el mártir. Horas después, refleja en su agenda: Nada más inútil que esforzarse para nada. El fruto es el mejor premio de los árboles.
A primera hora de la tarde del 16 de enero, recibe la visita del alcalde, invitándole a la proclamación de su candidatura próxima. Efectivamente, así se efectuó en el Aula de Cultura de Cajamurcia, con asistencia del Presidente de la Comunidad de Murcia. Y ello le da pie a corregir a Baudelaire que decía que “una sucesión de pequeñas voluntades consigue un gran resultado”, comentado él: no una sucesión, sino una suma. Y tiene palabras de humor para comentar las propias de Noel Clarasó, cuando decía que “contemplar cómo los demás trabajan es una manera muy sana de amar el trabajo”. Mi padre Alfonso añadía: Por eso, en España, se llega a tan mayores. 
Es el 18 cuando se acerca a Caravaca para escuchar la charla que el obispo diocesano, Reig Pla, dio sobre orientaciones morales para la situación actual de España, en la Casa de la Cultura del vecino pueblo.  
Decía Aristóteles que “en las adversidades sale a la luz la virtud”. Considerándola incompleta la frase, añade mi padre: Del virtuoso, sí; del vil salen vilezas, porque lo bueno y lo malo tienen la medida humana. Y escribiría, el 24, tras su onomástica: No estar loco por Ti, Señor, es estar verdaderamente loco. Es leyendo a Tomás de Kempis, donde encuentra el aviso de que hay que tomar consejo del hombre sabio y de buena conciencia. Mi padre añadirá: Seguramente no me habría equivocado tantas veces. De manera que no estaba de acuerdo con la frase de Esíodo de que “es el cuidado el que hace prosperar la obra”, pues añade papá: Depende: el Ego hace prosperar la obra mala; el Espíritu Santo, en cambio, la buena. Y está totalemente de acuerdo con la frase de Fénelon: “La adversidad depende menos de los males que sufrimos que de la imaginación con que los padecemos”.

En alabanza de Cristo. Amén.

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