Desde mi celda doméstica
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sábado, 27 de febrero de 2016

MIS APUNTES PATRIOS (XVI)

La España republicana (y III)


La disparidad entre el gobierno centro derechista en Madrid y el izquierdista de Cataluña produjo el primer choque: la “ley de cultivos” catalana era anulada por el Tribunal Supremo y la minoría catalana de izquierdas se retiraba de las Cortes. La noticia la daba El Sol del 9 de junio del 33. Un mes más tarde, en un discurso a los suyos, el socialista Largo Caballero, pedía participación en el poder. El discurso lo publicaba íntegro “El Socialista” de 25 de julio.
Por otro lado, el mes de octubre traería la fundación de Falange Española, día 29, y el famoso discurso de José Antonio en el Teatro de la Comedia. Con vistas a las nuevas Elecciones Generales, que serían el 19 de noviembre, los candidatos antimarxistas explicaban sus proyectos, que se resumían en la derogación de toda ley que estuviera inspirada en la laicidad u oliera a socializante. Se temía el peligro soviético. En esa lista de la derecha española no estaba José Antonio. Y, efectivamente, las derechas consiguen la mayoría de los votos. Dos días más tarde, el periódico “El Debate” comentaba la noticia. “Los católicos servirán lealmente a las instituciones republicanas, siempre que queden a salvo los derechos de Dios y de la conciencia cristiana”. En parecidos términos se expresaba dicho rotativo el 14 de diciembre.
Mientras, sin embargo, los vascos aprobaban mayoritariamente el proyecto de su Estatuto, y se producía un intento de revolución anarquista en varios puntos de España, según noticias del ABC del 14 de diciembre, y los socialistas, reunidos en la Casa del Pueblo madrileño, tomaron la decisión, para el futuro político, de inclinarse más por la línea extremista de Largo Caballero que por la de Indalecio Prieto y de Besteiro. Eso leíamos el 27 de enero de 1934 en el periódico “Claridad”. Días más tarde, el 13 de febrero, José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma Ramos toman la decisión de unificar Falange Española y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). 
La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) que, a pesar de ser el partido mayoritario, dejaba gobernar a sus amigos radicales, pide puestos en el Gobierno, y esto alarma a la izquierda, especialmente en Madrid y Cataluña, según se desprende de El Socialista del día de San Francisco de Asís. De hecho, en Barcelona estallaba la rebelión catalanista. Hubo proclamaciones en la Plaza de la República; discursos de Companys y de Gassol, y, declarado el estado de guerra, el Consejo de la Generalitat notificaba la proclamación al mando militar de Cataluña, y el general de División Domingo Batet y Mestres proclamaba el Bando correspondiente. Esto era el 6 de octubre de 1934. Con tal motivo, hubo un Pleno Municipal en Barcelona, el día 9, pues eran conocedores de las graves palabras del Presidente del Consejo de Ministros dirigiéndose a los españoles, que ABC publicaba el día 7. Se mascaba la tragedia, hasta que el general Batet anunciaba por Radio Barcelona la rendición de los sublevados. Esto sucedía el 9 de octubre. Día mismo en que el Comité Revolucionario de Oviedo daba conocimiento de la insurrección de Asturias, de carácter social-comunista. Sus proclamas terminaban con el grito de “¡Viva la dictadura del proletariado!”.  Según ABC del día 10, Lerroux agradecía el apoyo de los partidos frente a la insurrección, y ésta acabaría con la entrada de las tropas del Gobierno, asegurando el general Franco que podía darse por dominada la sedición asturiana, tres días más tarde, el 13.
Pero las circunstancia revolucionarias vividas en España hicieron que radicales y las derechas se unieran más fuertemente. El 25 de junio del 35, el periódico El Debate dejaba constancia de ello. Pero el escándalo acerca un nuevo sistema de juego, denunciado por un extranjero desconocido, provocaría la crisis y caída política de los seguidores de Lerroux, tras un larguísimo debate en el Congreso de los Diputados, según el Diario de Sesiones del 22 de octubre, que se prolongaría con otra Sesión violenta en que se trataba el Estatuto vasco, registrado en el Diario de Sesiones del 5 de diciembre.
Se vislumbraban en el horizonte nuevas Elecciones para España. Las derechas se agruparon en el llamado Bloque Nacional y reclamaban para España un estado autoritario, integrador y corporativo (ABC, 31 de diciembre del 35). 1936 comenzaría con la disolución del Congreso por parte de presidente de la República, al tiempo que convocaba nuevas elecciones generales. Pero esa decisión le costaría a Alcalá Zamora ser sustituido por Azaña.
En efecto, la fuerzas de la Izquierda se presentarían con el nombre de Frente Popular, aunque con discrepancias entre republicanos y socialcoimunistas. ABC y El Socialista analizaron el triunfo de la Izquierda en las Elecciones de febrero. Para el primero se había rescatado la República, para el segundo, tras la victoria, había una sola demanda: el Poder (18 de febrero). Y Azaña inicia las primeras medidas del nuevo Gobierno con una amnistía política y el restablecimiento de la autonomía catalana, según leemos en El Sol del 22 y en Decreto del 26 de ese mes. Un desajuste en el cómputo de las actas electorales, en que de 258 del Frente Popular se pasaba a 277, hizo que las minorías conservadoras se retiraran del Congreso por considerar lesionados sus derechos. Invito e leer el Diario de Sesiones del 31 de marzo. Meses más tarde, concretamente el 16 de junio, se produjo una sesión dramática en el Congreso de los Diputados. Por una lado, las intervenciones de Gil Robles y de Calvo Sotelo; por otro, las de Casares Quiroga y de La Pasionaria, vaticinaban los trágicos meses que habrían de venir.
Del 16 de febrero al 15 de junio, según el Diario de Sesiones del 17 de junio, se habían producido en España tal cantidad de iglesias destruidas, de templos y casas religiosas incendiados, de asesinatos y agresiones a personas e instituciones, de atracos bancarios y huelgas, que la amenaza de Casares Quiroga a Calvo Sotelo colmó el vaso de la desvergüenza política. Amenaza que se cumplió en la madrugada del 13 de julio, cuando José Calvo Sotelo era asesinado en una camioneta y tirado a la entrada del Cementerio de La Almudena. La censura prohibió que ABC comentara el crimen, pero el diputado Amado contó cómo había sido secuestrado de su casa, sita en la calle Velázquez 89, tras la llamada que le hizo la viuda. Esta muerte se sumaba a una situación de caos nacional en que, según palabras de Gil Robles, “no fue posible la paz”.

Alfonso Gil González

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