Desde mi celda doméstica
Buscando...
lunes, 9 de mayo de 2016

DIÁLOGOS ECLESIOLÓGICOS... 1

Jesús y la Iglesia

- Usted, José Luis Sicre Díaz, tiene un librito editado por Fundación Santa María, que responde a una famosa conferencia dada hace ya tiempo sobre Jesús y la Iglesia. ¿Como enmarcarla?
- Jesús anunció el Reino y lo que vino fue la Iglesia. Con estas palabras sintetizaba Loisy su desilusión y desconcierto al comparar el magnífico mensaje del Evangelio con la triste realidad de una institución anquilosada en el conservadurismo, la incomprensión y el anatema. La única manera de superar este escándalo es volver a los orígenes. Se trata de recorrer el mismo camino que, según Mateo, recorrió la primera comunidad cristiana.
- ¿Cuál es el inicio de ese camino?
- Las primeras palabras pronunciadas por Jesús en su actividad pública fueron éstas: "Arrepentíos, porque el Reino de Dios está cerca" (4,17). El Reino de Dios sintetiza las mayores esperanzas de pueblo judío en tiempos de Jesús. La idea de Dios como rey era muy antigua en Israel, anterior incluso a la aparición de la monarquía, en el siglo XI antes de Cristo. Lo importante es que Dios venga a reinar en persona. Y, después de siglos de espera, Jesús irrumpe anunciando que ese momento está cerca. En primer lugar, Jesús anticipa el Reino curando las enfermedades: una victoria sobre las fuerzas del mal que encadenan al hombre y se oponen al Reino de Dios. En segundo lugar, Jesús anticipa el Reino perdonando los pecados. El perdón de los pecados trae paz y alegría, hace sentirse amado de Dios, y anticipa el gozo del Reino definitivo. Pero, como lo esencial del Reino es su carácter comunitario, Jesús lo anticipa de una tercera forma: creando un grupo de personas dispuestas a reproducir lo mejor posible las condiciones del mundo futuro. Así, como proyecto y esbozo de futuro, como anticipación de la realidad definitiva, es como tiene sentido la Iglesia.
- No parece que sus discípulos entendieran lo que Jesús les enseñaba.
- Para una tarea como la que Jesús desea recomendar a su grupo, cabría esperar una gran selección. Precisamente porque la selección es un dato arraigado en la historia y la psicología, nos llaman la atención los criterios que emplea Jesús. Jesús elige la Galilea de los paganos. La tierra olvidada y mal vista, de la que no puede salir nada bueno, sin pasado ni futuro, madre de incultura y revoluciones. Y el material humano que elige está en perfecta consonancia con la tierra. El criterio de selección manifestado por Jesús supone una subversión de todos los valores.
- La preparación del Reino supondría un gran "programa", ¿no?
- Es soprendente que Jesús invite a estas personas, de las que tan poco cabría esperar. Y aún más sorprendente la enorme confianza que Jesús deposita en ellas. El "sermón de la montaña" refleja el tipo de hombre nuevo que Jesús desea para sus seguidores. El discurso desarrolla la actitud cristiana ante la ley, las obras de piedad, el dinero y la providencia, el prójimo... y termina con unos requisitos para mantener la actitud cristiana (5-7). En conjunto, estas diversas actitudes se oponen al legalismo, forma larvada de escapar al espíritu de la ley ateniéndose a la letra de la misma. El problema consiste en saber cómo atenerse al espíritu. La conducta de Jesús puede iluminarnos: Nunca produce la impresión de sentirse agobiado por leyes y normas; siempre concede más importancia a la misericordia que al cumplimiento del precepto; a veces cumple la ley para no escandalizar, pero con espíritu crítico; en general no concedió valor a las tradiciones religiosas, sobre todo a las farisaicas. Después de siglos, la Iglesia católica se ha convertido con frecuencia en la hija predilecta del fariseísmo y de la hipocresía casuística. La Iglesia ha permanecido poco fiel a la enseñanza y al ejemplo de Jesús. Pero la ortopraxis es más importante que la ortodxia, y este hombre nuevo es el que desea Jesús para formar parte de su comunidad, reflejando y anticipando el Reino de Dios.
- Entonces, no todos estarán de acuerdo.
- Este "programa" de Jesús debía chocar inevitablemente a ciertos sectores. Y veinte siglos de pequeñas y grandes tradiciones no han conseguido limar las aristas de esta actitud de Jesús. Antes de que el grupo se consolide, Mateo introduce un importante discurso, que no cabría esperar en este momento. Se trata de las siete parábolas del reino (13). El texto refleja las inquietudes e interrogantes de la comunidad. A la pregunta de por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús, responde la parábola del sembrador. Existe una tierra buena que acogerá la semilla y la hará fructificar. A la pregunta de qué actitud adoptar con quienes no viven el mensaje, responde la parábola del trigo y la cizaña. A la pregunta de si tiene algún futuro esto tan pequeño, responden dos parábolas: la del grano de mostaza y la de la levadura. Estas sencillas parábolas abordan el problema tan discutido de la Iglesia de masas o de minorías y el papel del cristianismo como fermento del mundo. Muy relacionada con la anterior está la pregunta de si vale la pena, a la que responden las parábolas del tesoro y de la piedra preciosa. Y a la pregunta de qué ocurrirá a quienes no acepten el Reino, contesta la parábola de la red que recoge toda clase de peces, buenos y malos.
- ¿Cuál sería, pues, la identidad de la comunidad?
- A partir de ahora, Mateo refleja una tensión creciente entre las posturas favorable y opuesta a Jesús. La familia de Jesús cierra filas en torno a El y lo conoce de forma cada vez más plena (14-15). Estas personas que se han entusiasmado con el mensaje de Jesús, superando la desconfianza, el rechazo, el escándalo, van a encontrar su identidad comunitaria a medida que descubran el misterio de Jesús. Para que exista auténtica comunidad cristiana no basta el llamamiento de Jesús ni la aceptación inicial del Evangelio; hay que acoger el misterio de la muerte y resurrección e imitar a Jesús, que no vino a ser servido sino a servir. Su sufrimiento y triunfo posterior justifican los sufrimientos, renuncias y alegrías de la comunidad. Jesús no está obsesionado por separar a su grupo de las otras personas; no organiza jerárquicamente a su comunidad; se limita a esbozar algunos temas capitales y, sobre todo, a imbuirlos de su Espíritu.
- Por último, Padre Luis, ¿cómo superar las crisis?
La Iglesia de Jesús no es solamente la "jerarquía". De lo contrario, se habría quedado solo. Pero al pie de la cruz permanecen firmes muchas mujeres, entre ellas la madre de los Zebedeos, que parece haber entendido el misterio de Jesús mucho mejor que sus hijos. Y resulta también irónico que Mateo, tan crítico con los ricos y la riqueza, nos hable al final de un hombre rico de Arimatea (27), el único discípulo de Jesús que se preocupa de recoger el cuerpo y sepultarlo. La crisis es, pues, aguda, pero no total. Gracias a las personas más inesperadas, que se mantienen fieles en todo momento.

Alfonso Gil González
Compartir en :
 
Back to top!