Desde mi celda doméstica
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miércoles, 9 de noviembre de 2016

ASPECTOS MORALES DE LA EXISTENCIA... 3

La Caridad

El "amor" tiene un ámbito semántico tan vasto y variado que podría originar equívocos.
En cambio, el término "ágape", sobre todo opuesto a "eros", podría expresar mejor el característico amor cristiano en el Nuevo Testamento, y no existía como sustantivo en el griego clásico.
- El amor entre Dios y los hombres se había revelado en el Antiguo Testamento a través de una serie de hechos. En el Nuevo Testamento, el amor divino se expresa en el hecho único cuya naturaleza transfigura los datos de la situación: Jesús viene a vivir como dios y como hombre el drama del diálogo de amor entre Dios y el hombre. Los "Sinópticos" acentúan a veces de manera violenta la absoluta gratuidad del amor de Dios. San Pablo, en un texto clave poco citado, contrapone con toda claridad el amor cristiano al amor pagano. La gratuidad del amor divino es asimismo la idea central de la teología de San Juan.
- El amor de Dios por el hombre, que comienza con la creación, se perfecciona con la intervención redentora y es llevado a término mediante la obra santificadora del Espíritu, debería solicitar la respuesta humana: Dios ama de manera particular a quien responde a su amor. El motivo del amor de Dios no puede ser más que Dios mismo. La medida del amor a Dios, como dice san Bernardo, es amarlo sin medida.
- Ya en el Antiguo Testamento, el mandamiento del amor de Dios es completado por el segundo mandamiento: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19). El amor de Jesús por los hombres es ante todo un amor que perdona. Es un amor que sirve y que se inmola. Y este amor que perdona, sirve y se inmola es el que deben imitar sus discípulos. Por eso se habla de un "mandamiento nuevo", escrito no en tablas de piedra, sino en los corazones.
- De un cabo al otro del Nuevo Testamento, el amor del prójimo aparece indisolublemente ligado al amor de Dios. El apóstol Juan tiene un lenguaje que los "biempensantes actuales" llamarían socialista. No sólo quien no ama a los hermanos no ama en realidad al Señor, pese a su eventuales protestas, sino que quien ama sinceramente a los hermanos ama ya a su Señor, aunque no se dé cuenta de ello.
- El cristiano es por definición un hombre que sabe lo que agrada a Dios y lo cumple. Cristo lo proclama de la manera más clara posible y con palabras muy parecidas a las del maestro hebreo Hillel: "Todo lo que queráis que hagan con vosotros los hombres, hacedlo también vosotros con ellos, porque en eso está le Ley y los Profetas". San Pablo, a su vez, proclama esta enseñanza con términos inequívocos: "Porque toda la Ley se resume en un solo precepto: "Amarás atu prójimo como a ti mismo". Para Santiago, la práctica religiosa y pura, delante de Dios nuestro Padre, consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y en guardarse inmunes de los vicios del mundo. Los Padres no se engañaron. Para San Agustín, los diez mandamientos se reducen a dos: es decir, el de amar a dios y el de amar al prójimo; y estos dos se reducen a este otro, que es único: lo que no quieres que se te haga a ti, no se lo hagas a los otros. En este último están contenidos los diez mandamientos.
- Todos los cristianos han pasado, por medio del bautismo, del servicio del pecado y de la ley, que era una esclavitud, al servicio de la justicia.La libertad cristiana no es libertinaje o anarquía, es libertad que nos hace amar el servicio. La Caridad es verdaderamente el motivo de la libertad de la ley de que ha hablado san Pablo y la actitud de fondo a que Dios llama a sus discípulos, antes y más que a cualquier otro deber moral.
- No sólo por la caridad se vuelve la vida del cristiano una liturgia, sino que el culto cristiano es la Caridad, es decir, el servicio a los hermanos. Cuanto hacemos por los hermanos lo hacemos por Cristo, aunque lo ignoremos. Este es el resumen del relato del Juicio (Mateo 25). Fe y caridad tienen el mismo contenido, porque la fe es hacer propio el designio de Dios; mas tal designio es la convocación en el amor. Por tanto, el creyente es aquel que decide amar.
- La caridad no sustituye ni absorbe en sí a la justicia, sino que la presupone y la exige. No puede haber verdadera caridad donde es pisoteado el derecho. La justicia impone obligaciones más estrictas y rígidas que la caridad, no porque sea más perfecta que ésta, sino porque asegura un mínimo de relaciones de caridad, que son condición necesaria para un progreso ulterior en el amor.

(Artículo extractado del moralista Leandro Rossi). 
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